Esa mañana fue la primera mañana que pude ponerme en pie y salir de mi alcoba, tras pasar dos meses en cama en reposo, enferma, a causa de las dos hora que había pasado sintiendo la lluvia deslizar sobre mí aquel día de primavera, no me arrepentí en ningún momento acerca de ello, ni me arrepiento en estos momentos, fue el momento más sereno de mi vida y por tanto el más feliz. Al salir el sol decidí levantarme y pude hacerlo sin dificultad alguna, esto me sorprendió ya que había pasado un par de semanas intentando reincorporarme, y ese día finalmente lo logré, debo admitir que propine un buen susto a las enfermeras, de eso no hay duda, pero al fin estaba recuperada, y eso lograba hacer pequeñeces lo demás. Continué mi camino débilmente hasta la puerta pero antes me detuve frente al espejo de mi peinadora, me impactó lo que devolvía el reflejo, me senté frente a él y me observé, porque debía de ser yo, no había duda alguna pues no se hallaba nadie más que yo en la habitación y también debido al hecho, de que aquel esperpento llevaba las mismas ropas que yo, me dolía contemplarle, es decir, contemplarme, pero muy a mi pesar decidí hacerlo, más vale que no lo hubiera hecho, mis ojos que alguna vez fueron oscuros pero radiantes y vivaces a su vez, ahora estaban exhausto, vacíos, eran opacos y carentes de vida; Mi piel se veía frágil y probablemente lo era, mis labios veíanse desdibujados, eran sólo un leve relieve en mi rostro. Todo rastro de color había desaparecido de ellos, también había huido el rubor de mis mejillas, no parecía un ser viviente y mucho menos una joven en la flor de la vida, y eso era lo que era yo, una joven de tan solo 17 años, pero ahora mi aspecto era el de una momia de 100 años o más. Para mi sorpresa pude notar, que a su vez, los bucles de mi brillante y sedosa cabellera se hallaban decaídos hasta el punto de formar unas casi imperceptibles ondas en mi ahora áspero y desaliñado cabello.
Una vez más me hallaba hundida en mis penas, ¿No era ya suficiente con haber soportado su abandono? Me habían prohibido salir de la casa, añadido a ello debía pasar la mayor parte de mis días encerrada allí bajo la custodia de Melissa... Sin lugar a dudas me esperaban tiempos muy duros. Mi padre me había prometido que en un par de meses me dejaría salir de casa. Claro, en dos meses saldría de nuevo a respirar aire fresco, siempre y cuando.... no enloqueciera primero...

Aplausos Greysel... si lo continuas esto, seria un gran libro... de verdad estoy impresionada
ResponderEliminarSilvia
P.D: pobre Melissa... como ke siempre le toca ser la mala de la historia, verdad?